Det fanns inget som hette palestinier. När fanns det ett självständigt palestinskt folk med en palestinsk stat? ... De existerar inte.

Golda Meir, Israels premiärmin

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El cambio climático: La barbarie del capitalismo

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Artiklar - Världen

[Publicado en Correo #6/2009 / Nicaraguua] En su reflexión del 20 de octubre titulada “El ALBA y Copenhague”, el comandante Fidel Castro escribía: “Ya no es cuestión de Patria o Muerte; realmente y sin exageración, es una cuestión de Vida o Muerte para la especie humana.” Estamos enfrentando la seria posibilidad de que las bases para la vida en la Tierra cambien sustancialmente. Nicaragua está mejor preparada que otros países para hacer frente a esta crisis porque cuenta con un marco estratégico de desarrollo adecuado, pero hace falta que se generalice la conciencia sobre la necesidad de llevar a cabo cambios radicales y profundos.

El planeta se está calentando a un paso acelerado. Los científicos han comprobado que durante el siglo XX la temperatura promedio de la atmósfera se incrementó entre 0,4 y 0,8 grados. No parece mucho, pero hay que tomar en cuenta que durante los últimos doce mil años, la temperatura del planeta se ha mantenido bastante estable demorándose varios siglos en subir o bajar tan sólo medio grado. El cambio que experimentamos hoy representa el mayor aumento ocurrido en los últimos mil años. Existe un amplio consenso entre los científicos en el sentido de que este cambio es ocasionado por la actividad humana.

A partir de finales del siglo diecinueve, cuando en los dominios del imperio británico no se ponía el sol y cuando la potencia capitalista hegemónica de aquel entonces vaciaba al mundo de materias primas, comunidades indígenas y campesinos para alimentar las insaciables entrañas de sus fábricas, la gráfica de la temperatura del planeta comenzó a dar un salto extraordinario, una empinada curva ha- cia arriba que los matemáticos llaman “exponencial”. Esto significa, entre otras cosas, que la temperatura tiende a aumentar cada vez más en menos tiempo. La causa más importante de ese cambio está en el uso indiscriminado de combustibles fósiles como el petróleo y en la deforestación de la Tierra.

Para que pueda existir vida en el planeta, la temperatura debe mantenerse a un nivel más o menos constante. Esto sucede gracias a un equilibrio entre varios procesos: Una parte de la energía del sol es absorbida por la tierra y la mantiene a una temperatura que nos permite vivir en ella. Otra parte de esa energía es reflejada de vuelta hacia el espacio por las grandes masas de hielo que existen en los polos. Si las acciones de los seres humanos hacen que la energía que se refleja hacia el espacio sea cada vez menor, la temperatura de la tierra entonces aumentará, los polos se derretirán, el nivel de los mares subirá y ocurrirán una serie de cambios difíciles de predecir: Eso es lo que está ocurriendo hoy en día.

Al hablar de cambio climático se menciona a menudo el efecto invernadero por medio del cual ciertos gases como el vapor de agua, el dióxido de carbono (CO2) y el metano acumulan una parte de la energía solar en la atmósfera. Sin la presencia de estos gases la temperatura en nuestro planeta sería por lo menos unos 30 grados centígrados más baja haciendo muy difícil el desarrollo de la vida.

En la naturaleza, los árboles fijan el dióxido de carbono que hay en el aire, es decir que lo devuelven a la tierra y lo mantienen dentro de límites que hacen que la temperatura no suba demasiado. La mitad de la madera está compuesta de carbono. El petróleo es carbono de los árboles y otros seres vivos que ha estado acumulado debajo de la tierra durante millones de años. ¿Qué pasa si los gases de efecto invernadero, en especial el dióxido de carbono, se producen a escala industrial y los árboles y las plantas ya no dan abasto para fijarlos? ¿Qué pasa si una especie es capaz de talar árboles a un ritmo superior a la capacidad de la naturaleza para reponer los bosques perdidos? ¿Qué pasa cuando, en apenas un siglo, el dióxido de carbono fijado durante millones de años es quemado de golpe a la atmósfera en la forma de diesel o gasolina?

Desde 1751 hasta la fecha, unos 315,000 millones de toneladas métricas de carbono han sido lanzadas a la atmósfera producto del consumo de combustibles fósiles como el petróleo y el carbón. La mitad de esas emisiones han tenido lugar en los últimos treinta años. En 2004, las emisiones globales de dióxido de car- bono batieron un récord de 7,910 millones de toneladas, habiendo aumentado 5.4 por ciento con respecto a 2003 que, como recordará el do de carbono en la atmósfera ha aumentado en un 30 por ciento, la concentración más alta en el planeta de los últimos 420.000 años – por lo menos: Es posible, dicen algunos científicos, que para encontrar los niveles de dióxido de carbono en la atmósfera existentes hoy en día haya que remontarse cuarenta millones de años atrás en el tiempo.

Las manos de la protesta / Oswaldo Guayasamin lector, fue el año de la ocupación imperialista de Irak, una de cuyas causas más importantes fue, precisamente, el control del petróleo.

Pero todo ese dióxido de carbono no viene sólo del petróleo, el gas y el carbón. Un panel de 200 expertos reunidos en Roma en 2006 llegó a la conclusión de que la deforestación es responsable de entre un 25 y un 30 por ciento de las emisiones de gases de efecto invernadero en el planeta. Según la FAO, todos los años se pier- den unos 13 millones de hectáreas de bosques en el mundo, la mayor parte en las zonas tropicales. Un 80 por ciento de la deforestación en el planeta, concluyeron los expertos, se debe al incremento de las áreas agrícolas, en su mayoría a cargo de grandes empresas multinacionales y a costa de la pequeña producción campesina. Otro efecto de este tipo de agricultura es la liberación a la atmósfera de grandes cantidades de metano y otros gases de efecto invernadero

El calentamiento de la Tierra presenta varios procesos que se refuerzan unos a otros. Un ejemplo de esto es el caso del agua, que en su forma de vapor se convierte en un agente del efecto invernadero. El aumento del CO2 en la atmósfera hace que, al subir la temperatura, los casquetes polares se empiecen a derretir. Al disminuir la cantidad de hielo de los polos, nuestro planeta ya no puede reflejar la misma cantidad de calor solar que antes y se vuelve aún más caliente. El hielo derretido de los polos va a dar a los océanos y ríos, que aumentan de nivel, y el agua que se evapora al calentarse el planeta refuerza la tendencia al calentamiento. Es un espiral maligno producto de un sistema político y económico que pone la ganancia como fin supremo y único de la actividad humana.

Si todo el hielo de la Antártida se derritiese los océanos crecerían 61 metros, dicen los expertos y agregan: una crecida de sólo seis  presentes en fertilizantes y pesticidas. metros bastaría para inundar ciudades como 32 Desde 1751, o sea, desde el inicio de la re-Londres y Nueva York. En el año 2000 los cien  volución industrial, la concentración de dióxi-tíficos encontraron que los hielos de Groenlan dia, en las cercanías del Polo Norte, se derretían a un ritmo de 51 kilómetros cúbicos por año. Estudios más recientes dan la cifra de 150 kilómetros cúbicos de hielo al año.

En su reflexión, dedicada a la próxima cumbre sobre el cambio climático en Copenhague, Fidel mencionaba que una organización de tanto prestigio como el Fondo Mundial para la Naturaleza advirtió que “el cambio climático quedará fuera de control en los próximos 5 a 10 años si no se recortan drásticamente las emisiones de CO2. No habrá un plan B si fracasa Copenhague.”

La ineficacia del mercado para hacer frente a este cambio climático que él mismo ha producido se ejemplifica en el caso de los denominados “bonos de carbono”, es decir, el pago de sumas por el derecho a emitir una tonelada del gas de efecto invernadero a la atmósfera. Estos bonos forman parte del denominado Mecanismo de Desarrollo Limpio (CDM, por sus siglas en inglés) y financian proyectos de reducción de las emisiones de CO2 en el tercer mundo. La economía política del carbono es un reflejo fiel y cruel de la economía política del capitalismo salvaje. El mismo 20 por ciento de la población mundial que consume el 80 por ciento de los recursos, también responde por las mayores emisiones de carbono por habitante. Una persona del mundo “subdesarrollado” emite como promedio 0,4 toneladas de carbono al año, un quinto de lo que emite un habitante de Francia y sólo 7 por ciento de lo que emite un estadounidense. La China es uno de los principales emisores de carbono, pero también es el país más poblado de la tierra. Un chino emite menos de una tonelada de carbono al año, menos de la mitad que un sueco y cerca de un tercio que un japonés.

Nicaragua, a pesar de sus serios problemas medioambientales como el despale, la sequía de sus ríos y la falta de una infraestructura adecuada para el tratamiento de los desechos sólidos y líquidos, pertenece al grupo de países con emisiones más bajas.

A raíz de la firma del protocolo de Kioto, muchos países establecieron topes a sus emisiones de gases de efecto invernadero. Pero los países ricos pueden evadir sencillamente esos topes a través de la compra de derechos de emisión de países pobres que, al no tener una base industrial desarrollada, también producen menos polución per cápita.

Según el Banco Mundial, el sistema de bonos de carbono es una manera de promover el desarrollo sustentable en el tercer mundo, pero para ecologistas como Joris den Blanden, especialista en el cambio climático de la organización Greenpeace, “la compensación significa exportar las responsabilidades al mundo en vías de desarrollo y anula el incentivo a la industria para que mejore su eficacia o invierta en energía renovable”.

Los proyectos financiados a través del CDM parten casi exclusivamente de la premisa de la reducción de las emisiones de dióxido de carbono, dejando totalmente de lado los intereses y necesidades de las masas campesinas e indígenas del sur global. En nombre de la lucha contra el calentamiento planetario, esos grupos pierden sus tierras, sus recursos, su cultura, su flora y su fauna a medida que las empresas multinacionales de los agronegocios imponen su agenda:

Las corporaciones madereras reciben fondos para megaproyectos de siembra de árboles en tierras tradicionalmente dedicadas a la ganadería extensiva, sin siquiera preguntar por la gente que vive en ellas. Plantaciones masivas de decenas de miles de hectáreas, acaban con el agua y con la flora autóctona de muchos pueblos en América Latina y todo el tercer mundo. Para los críticos del sistema CDM, los grandes proyectos gasíferos y de agua están entre los receptores más perjudiciales de los fondos del programa. Hasta se ha llegado a financiar una fábrica flotante de productos químicos que han envenenado las fuentes de abastecimiento de agua de una región de la India.

El mercado de los bonos del carbono ha explotado en cuestión de unos pocos años. Según el Programa Ambiental de Naciones Unidas, hasta la fecha se han aprobado 4.364 proyectos con financiamiento del CDM, una mina de oro para las transnacionales y los países del norte, ávidos de volcar sobre otros los efectos de su propia depredación.

En mayo de este año, la cámara de representantes de los EE.UU. aprobó la Ley de Energía Limpia y Seguridad Americana que pone un acento especial sobre las compensaciones económicas a las empresas que reducen las emisiones de carbono en el propio territorio. Según la organización Instituto de Estudios Políticos, la ley hace que los EE.UU. estén en condiciones de descargar hasta un 30 por ciento de sus emisiones de carbono, unos dos mil millones de toneladas, sobre el resto del mundo a través de la compra de derechos de emisión de terceros países.

El capitalismo, que dio origen al cambio climático, es incapaz de revertirlo. Es que, como dice el profesor de ecología de la universidad de Sevilla Jesús Castillo, “el cambio climático es un negocio magnífico para muchas empresas transnacionales, por lo que no les interesa frenarlo”.

“Medidas ecocapitalistas” como la “subida de precios de determinados productos y servicios con tasas que gravan las emisiones de CO2; (la) subvención de productos que emiten menos; o la creación de un mercado de emisiones” no son eficientes, explica el ecologista citando el ejemplo de que con la crisis económica del pasado año, el valor de la tonelada de dióxido de carbono se desplomó “resultando más barato contaminar ahora que hace unos años, a pesar de que el cambio climático se agrava de vez más”.

Pero no sólo aumentarán el calor, las sequías y las inundaciones: el número de hambrientos también aumentará. A fines de septiembre, el instituto Internacional de Investigación sobre Políticas Alimentarias (IFPRI, por sus siglas en inglés) daba a conocer un estudio según el cual el mundo contaría, tomando en cuenta los efectos del cambio climático, con 25 millones más de niños hambrientos.

El régimen neoliberal y las políticas de libre comercio han sido y seguirán siendo desbastadoras, pero sus efectos serán aún más dramáticos con el cambio climático en curso: Si no se hace nada, en 2050 el rendimiento del trigo irrigado caerá en un 30 por ciento, y el del arroz irrigado lo hará en un 15 por ciento, dice el informe. Los precios de los alimentos, sin tomar en cuenta el efecto del cambio climático, se calcula aumentarán en un 40 por ciento. Pero con el cambio climático, lo harán en un 194 por ciento, según IFPRI. El arroz podría llegar a aumentar en un 121 por ciento, y el maíz en un 153 por ciento.

Las recetas de los expertos del IFPRI para hacer frente a la catástrofe que se avecina con el calentamiento global, no se diferencian mucho de las propuestas existentes para recuperar a las masas hambrientas del planeta de la catástrofe neoliberal y que tan acertadamente recoge la dirección de la política del actual gobierno de Nicaragua, priorizando la seguridad alimentaria, la gestión social del agua, el combate a la pobreza y el desarrollo de una cultura por la vida, entre otros aspectos:

“Este resultado - el hambre acentuada por el calentamiento global - se podría evitar con US$7.000 millones por año de inversión adicional en productividad agrícola para ayudar a los agricultores a adaptarse a los efectos del cambio climático. Se necesita inversión en investigación agrícola, mejor irrigación y caminos rurales a fin de aumentar el acceso de los agricultores pobres al mercado. El acceso a agua potable segura y la educación para las niñas también es esencial”, dijo el investigador del IFPRI y principal autor del informe Gerald Nelson.

Sin embargo, el informe de la institución presenta evidentes limitaciones: Los modelos utilizados por los expertos no incluyeron importantes variables como los efectos de los fenómenos más extremos debidos al cambio climático como los huracanes, la pérdida de terrenos agrícolas al subir el nivel del mar por el calentamiento de los polos, el aumento de las plagas y las enfermedades ocasionados por el cambio climático, y las inundaciones o secas de los ríos producidos por la crisis ecológica al fundirse los glaciares. A este elemento nosotros agregamos, por ejemplo, hambrunas causadas por las guerras que podrían desatarse a raíz del desastre ecológico global.

La crisis alimentaria agravada por el cambio climático acentuará dramáticamente el panorama que hoy conocemos: En su reciente recuento del estado del hambre en América Latina, la FAO anunciaba que el número de hambrientos en la región ascendería a 53 millones, es decir, la misma cantidad de inicios de la década de los noventas.

La FAO cita un informe de la CEPAL de este año que reconoce que América Latina y el Caribe, por ‘sus características sociales, geográficas y topográficas’ son ‘marcadamente vulnerables’ al cambio climático: según la IPCC, los eventos climáticos extremos aumentaron en casi dos veces y media en los primeros cinco años del nuevo milenio comparados con los treinta años anteriores. En su informe sobre la seguridad alimentaria de la región, la FAO constata que todos los aspectos centrales de la misma se verán afectados por el cambio climático: más inseguridad en el acceso a los alimentos, mayor inestabilidad de sus precios, deterioro de su calidad y de su uso saludable.

En un seminario sobre seguridad y soberanía alimentaria organizado por el Movimiento de Profesionales Sandinistas de las Ciencias Sociales el 16 de octubre con participación de autoridades de diversos ministerios y la FAO, se analizaban algunos efectos del calentamiento global a corto plazo a propósito del recrudecimiento de El Niño que experimentamos en la actualidad. La evaluación hecha por los científicos nos da una idea del alcance de la crisis ecológica global en los años por venir:

Los participantes en el seminario estimaron que los en los 26 municipios más expuestos a la sequía unas 316,000 cabezas de ganado se verían afectadas, mientras que en otros 43 municipios de vulnerabilidad acentuada, otras 900,000 cabezas podrían verse afectadas en el mediano plazo. El ganado perderá peso (“30 por ciento o más”), las vacas producirán me- nos leche, bajará la parición y un 10 por ciento de los terneros y un 3 por ciento de las reses adultas morirán, según los expertos. Un millón de quintales de frijol de postrera y 1,2 millones de quintales de maíz, se podrían llegar a perder. Se trata de granos básicos que el mercado hará más atractivo destinar a la exportación que a alimentar los estómagos de nuestros hambrientos.

Sólo el fortalecimiento de las políticas públicas y de la participación popular en la gestión podrán hacerle frente a este tipo de amenazas. El espíritu del juramento hecho por los miles de familias campesinas que cada semana reciben títulos de propiedad a manos del gobierno resume las claves para que Nicaragua enfrente el reto del cambio climático. El éxito para Nicaragua dependerá de que ese espíritu se encarne en toda la sociedad.

Los esfuerzos del gobierno de reconciliación y unidad para disminuir la pobreza, el desempleo y las tendencias a la emigración se enfrentarán a duras pruebas. Se agudizará la

lucha contra enfermedades como la malaria, el dengue y la leptospirosis. Será mucho más crucial y encarnizado el combate contra enfermedades relacionadas con la calidad del agua como el cólera. Será aún más vital el priorizar la alimentación, en especial la de los niños. La lucha por recomponer el tejido social del país se convertirá en un asunto de sobrevivencia.

La actual es una crisis ocasionada por el ser humano, y en sus manos está el revertirla y así evitar la hecatombe. Las tecnologías, los conocimientos, las experiencias y las alternativas existen, lo que falta es una conciencia, una voluntad política y una organización que permitan hacer prevalecer la actividad humana consciente sobre las fuerzas ciegas del mercado; lo que hace falta es socialismo, pero un socialismo con raíces profundas, con identidad, con respeto a las diferencias y a la naturaleza. Un socialismo que, al contrario del llamado socialismo real del siglo XIX, no tienda a copiar patrones consumistas del capitalismo que ocasionaron la crisis en la que nos encontramos.

Sólo el socialismo, la gestión democrática y consciente de la sociedad en función de las necesidades del ser humano en su medio ambiente, puede salvar al mundo de esta crisis. Cuba, el único país del planeta que combina altos niveles de desarrollo humano con una huella ecológica sostenible, es un ejemplo de esto. La única configuración regional de poder en el mundo que pone sobre el tapete la necesidad de sustituir las ganancias por la solidaridad en las relaciones internacionales es el ALBA.

A la próxima cumbre de Copenhague, los países industrializados llegarán con sus viejas propuestas de querer “imponer al resto del mundo el peso principal de la lucha contra el cambio climático”. Fidel concluía su reflexión sobre esta cita de la siguiente manera: “¿A quién van a engañar con eso? En Copenhague, el ALBA y los países del Tercer Mundo estarán luchando por la supervivencia de la especie”